Cuentos cortos de la condal
VIAJE A LA CIUDAD CONDAL CON AMOR (diez y ocho horas)
Llevo ocho horas metido en una lata estúpida, idiota de mí, además
No tienen gusto ni moral a la hora de proyectar películas, exijiría
Realmente al comité de Sabios que se montara en un autobús
A Barcelona. Deberían prohibir ciertas cosas. Y encarcelar
A este hijo de mala bestia parda que me pone los pies en la cara.
La literatura, lo bueno que tiene, es que te da el poder de cagarte
En Alsa.
Esa noche, justo después de que se fuera el día, esa noche aun virgen
Inexplorada, allá por Murcia se montó en el autobús el amor, y por favor
No me pregunten como.
Se llamaba Amor, que viene de Amar en ruso,
O en cualquier idioma. Amor tenía los ojos azules y un estilo discreto,
Una camisa azul, de una tela tan fina que podía haberme fumado el vestido
Entero de una sola calada, que, evidentemente, se transparentaba y veías
El desafiante blanco de una camiseta corta que llevaba debajo. Amor
Hablaba perfectamente mi idioma, con lo cual sentí que no era la primera
Vez que nos habíamos topado. La realidad de todo esto es que Amor aun
No era Amor. Si no la chica misteriosa, hermosa y delgada, alta y lacia
Como un pino piñonero, que no debía estar ahí. La primera parte del viaje
Había tenido los pies de un tipejo de un color marrón clarito poco limpios
En toda la nariz, y bueno, ¿Que le vas a decir a un tipo con cara de asesino
En un autobús ante esa situación? Pues te duermes y rezas porque todo ese
Olor y el estúpido e innecesario olor del asqueroso cuartejo de baño aquel
Pasen a la memoria pituitárica sin pena ni gloria. No se como me desperté
Y nosequé había escuchado mis rezos y ahora en lugar de oler a mierda,
Olía a amor, que aunque realmente se parezcan, es evidente que no huelen igual…
Aun no concebía que en el ticket de Amor pusiera Asiento 24 y en el mío
Asiento 23, no sabía qué gran hazaña de redencion había logrado mi alma,
Mientras dormía y rezaba, para que me tocará este premio gordo en forma
De mujer. Pero está claro que poco antes, quizá inconsciente, había hecho
Algo por Dios o por el Hombre. Así que allí estaba, ella tan imprecisa, y yo
Descolocado, incrédulo, como un semidios ante el Parnaso, comprendiendo
Lo grave y lo hermoso de la situación. Allí estábamos ella y yo, yo y aquella
Miel de Dios, El hombre bestia de las avispas rotas, y el Amor con nombre
Propio.
Hasta entonces había oido que el amor o golpeaba en el pecho, o se sentía
En el estómago, o mariposeaba como poemas de lorca por las entrañas,
Pero ella dijo “hola”, y yo nunca, en ningun poema, ni en ningun relato,
En ninguna película, ni en ningún cómic fantástico había oido o leido, o
Sentido que el amor tuviera la estúpida capacidad humana de hablar. Poco
Rato después eso ya no importaba, porque tambien reía, se entristecía, era
Enteramente Amor, el Amor humano. Por fin descrito en la carne y no
Proyectado hacia fuera sino solamente hacia dentro, como el amor puro.
Hablando y hablando porque hablar cuando lo estás deseando es como
Comer pipas cuando no tienes absolutamente nada que decir, placentero,
Llegué a conocer su pasado, a sus padres, la hermosa Rusia desolada de sus ojos,
A sus hermanas casadas a los dieciséis y a sus mascotas, conocí con ella el Kremlin,
La plaza roja, la historia griega de Rusia, que me sorprendió porque soy un analfabeto.
Y bueno se desnudó e hicimos el amor varias veces, todo retóricamente, conocí su sexo,
Su hombre, fui ella, tomé su mano, tomó mis hombros como almohada, tomo mis libros.
Tomó mi poesia. Tomo el poema de Marina Tstayeva. Lo leyó. Lloró. Yo aun pienso
En porque demonios en ese momento no me bebí sus lagrimas… ¿Imaginais? Beberse
Las lágrimas del amor. Maldito maná moderno y literario que me evoca el deseo.
Le pedí que recitara en Ruso ese poema. Lo hizo. Me masturbé otras tantas veces,
Tambien retóricamente, mientras recitaba y me corrí ciento una o más encima de
Su voz. Y que mujer mas hermosa, ella lo sabía. Voyeur recitaba mirándome a los ojos
Que ella creía del todo siempre cerrados. Conocía mi muerte. Comprendía mi extasis
Y le encantaba. En varias paradas tuve la ocasión de ser un cerdo visceral y tomarla
Fisicamente… Pero perdónenme, tengo algo llamado gusto, algo llamado tacto, moral,
Normas del juego, pero tengo algo o varias cosas que me impedían hacerlo.
Me parece muy bien que todos seais unos hijos de puta pero yo prefiero no follarme
Al amor en en servicio de un puto bar de carretera. Eso es para follarme a las putas,
A las cerdas, para que un salidorro me la chupe rápido, o yo que sé, como parte mas
Obvia, para cagar y mear y lavarse las manos.
Amor se merecía mas, y sinceramente yo también, planteaos que hoy podeis follar
Pero ha de ser después de que te rapen los cojones y sobre una cama de pinchos,
El 90 por ciento os echaríais atrás solo por eso… yo quizá no. Pero follar así
Con el amor; eso es de ser un gilipollas neto.
Da igual, si quiero carne me voy a la carnicería o de caza. Tuve el resto de la noche
Todo lo que quería, su voz, sus ojos, su espalda fría y sus manos enlazadas en mi brazo,
Su sueño, mi vigilia protectora, mi poesia, tenía todo el viaje por delante, y al amor
A mi lado, poco a poco se fue descorriendo el velo de los misterios y empezaba a oler
A Barcelona. Caras de despedida, palabras sin palabras, descompresión de lo comprimido, descompresión de lo comprendido. Ni adios, ni un beso, ni “pronto”
Ni más poesía. Solo una hermosa y extravagante sensación de “buenos días, amor,
La vida sigue”. Ya se veía la ciudad.
Una estación, por fin estoy en Barcelona, los turistas se amontonan, la gente bosteza
Dentro del autobús. No quiero mirar a Amor a los ojos, se que la esperan. La amo.
Amo tanto y a tanto. Bajo corriendo, no miro atrás, se que lo puedo hacer rápido,
Coger la maleta, coger la mochila, coger la bolsa de los libros, correr, correr, correr.
Taxi. No mirar atrás. Pensar que el amor sigue su rumbo.
Soy un intruso en Barcelona enamorado del amor.
Llevo ocho horas metido en una lata estúpida, idiota de mí, además
No tienen gusto ni moral a la hora de proyectar películas, exijiría
Realmente al comité de Sabios que se montara en un autobús
A Barcelona. Deberían prohibir ciertas cosas. Y encarcelar
A este hijo de mala bestia parda que me pone los pies en la cara.
La literatura, lo bueno que tiene, es que te da el poder de cagarte
En Alsa.
Esa noche, justo después de que se fuera el día, esa noche aun virgen
Inexplorada, allá por Murcia se montó en el autobús el amor, y por favor
No me pregunten como.
Se llamaba Amor, que viene de Amar en ruso,
O en cualquier idioma. Amor tenía los ojos azules y un estilo discreto,
Una camisa azul, de una tela tan fina que podía haberme fumado el vestido
Entero de una sola calada, que, evidentemente, se transparentaba y veías
El desafiante blanco de una camiseta corta que llevaba debajo. Amor
Hablaba perfectamente mi idioma, con lo cual sentí que no era la primera
Vez que nos habíamos topado. La realidad de todo esto es que Amor aun
No era Amor. Si no la chica misteriosa, hermosa y delgada, alta y lacia
Como un pino piñonero, que no debía estar ahí. La primera parte del viaje
Había tenido los pies de un tipejo de un color marrón clarito poco limpios
En toda la nariz, y bueno, ¿Que le vas a decir a un tipo con cara de asesino
En un autobús ante esa situación? Pues te duermes y rezas porque todo ese
Olor y el estúpido e innecesario olor del asqueroso cuartejo de baño aquel
Pasen a la memoria pituitárica sin pena ni gloria. No se como me desperté
Y nosequé había escuchado mis rezos y ahora en lugar de oler a mierda,
Olía a amor, que aunque realmente se parezcan, es evidente que no huelen igual…
Aun no concebía que en el ticket de Amor pusiera Asiento 24 y en el mío
Asiento 23, no sabía qué gran hazaña de redencion había logrado mi alma,
Mientras dormía y rezaba, para que me tocará este premio gordo en forma
De mujer. Pero está claro que poco antes, quizá inconsciente, había hecho
Algo por Dios o por el Hombre. Así que allí estaba, ella tan imprecisa, y yo
Descolocado, incrédulo, como un semidios ante el Parnaso, comprendiendo
Lo grave y lo hermoso de la situación. Allí estábamos ella y yo, yo y aquella
Miel de Dios, El hombre bestia de las avispas rotas, y el Amor con nombre
Propio.
Hasta entonces había oido que el amor o golpeaba en el pecho, o se sentía
En el estómago, o mariposeaba como poemas de lorca por las entrañas,
Pero ella dijo “hola”, y yo nunca, en ningun poema, ni en ningun relato,
En ninguna película, ni en ningún cómic fantástico había oido o leido, o
Sentido que el amor tuviera la estúpida capacidad humana de hablar. Poco
Rato después eso ya no importaba, porque tambien reía, se entristecía, era
Enteramente Amor, el Amor humano. Por fin descrito en la carne y no
Proyectado hacia fuera sino solamente hacia dentro, como el amor puro.
Hablando y hablando porque hablar cuando lo estás deseando es como
Comer pipas cuando no tienes absolutamente nada que decir, placentero,
Llegué a conocer su pasado, a sus padres, la hermosa Rusia desolada de sus ojos,
A sus hermanas casadas a los dieciséis y a sus mascotas, conocí con ella el Kremlin,
La plaza roja, la historia griega de Rusia, que me sorprendió porque soy un analfabeto.
Y bueno se desnudó e hicimos el amor varias veces, todo retóricamente, conocí su sexo,
Su hombre, fui ella, tomé su mano, tomó mis hombros como almohada, tomo mis libros.
Tomó mi poesia. Tomo el poema de Marina Tstayeva. Lo leyó. Lloró. Yo aun pienso
En porque demonios en ese momento no me bebí sus lagrimas… ¿Imaginais? Beberse
Las lágrimas del amor. Maldito maná moderno y literario que me evoca el deseo.
Le pedí que recitara en Ruso ese poema. Lo hizo. Me masturbé otras tantas veces,
Tambien retóricamente, mientras recitaba y me corrí ciento una o más encima de
Su voz. Y que mujer mas hermosa, ella lo sabía. Voyeur recitaba mirándome a los ojos
Que ella creía del todo siempre cerrados. Conocía mi muerte. Comprendía mi extasis
Y le encantaba. En varias paradas tuve la ocasión de ser un cerdo visceral y tomarla
Fisicamente… Pero perdónenme, tengo algo llamado gusto, algo llamado tacto, moral,
Normas del juego, pero tengo algo o varias cosas que me impedían hacerlo.
Me parece muy bien que todos seais unos hijos de puta pero yo prefiero no follarme
Al amor en en servicio de un puto bar de carretera. Eso es para follarme a las putas,
A las cerdas, para que un salidorro me la chupe rápido, o yo que sé, como parte mas
Obvia, para cagar y mear y lavarse las manos.
Amor se merecía mas, y sinceramente yo también, planteaos que hoy podeis follar
Pero ha de ser después de que te rapen los cojones y sobre una cama de pinchos,
El 90 por ciento os echaríais atrás solo por eso… yo quizá no. Pero follar así
Con el amor; eso es de ser un gilipollas neto.
Da igual, si quiero carne me voy a la carnicería o de caza. Tuve el resto de la noche
Todo lo que quería, su voz, sus ojos, su espalda fría y sus manos enlazadas en mi brazo,
Su sueño, mi vigilia protectora, mi poesia, tenía todo el viaje por delante, y al amor
A mi lado, poco a poco se fue descorriendo el velo de los misterios y empezaba a oler
A Barcelona. Caras de despedida, palabras sin palabras, descompresión de lo comprimido, descompresión de lo comprendido. Ni adios, ni un beso, ni “pronto”
Ni más poesía. Solo una hermosa y extravagante sensación de “buenos días, amor,
La vida sigue”. Ya se veía la ciudad.
Una estación, por fin estoy en Barcelona, los turistas se amontonan, la gente bosteza
Dentro del autobús. No quiero mirar a Amor a los ojos, se que la esperan. La amo.
Amo tanto y a tanto. Bajo corriendo, no miro atrás, se que lo puedo hacer rápido,
Coger la maleta, coger la mochila, coger la bolsa de los libros, correr, correr, correr.
Taxi. No mirar atrás. Pensar que el amor sigue su rumbo.
Soy un intruso en Barcelona enamorado del amor.

