Carta Primera
“Aunque ame tanto, reálmente no tengo nada. Ni el amor tengo, ni él me tiene…”
Te escribo, muro donde va a parar a cabezazos mi cabeza, una carta,
La primera. Escribo a tu solidez desde mi empeño destructivo, pues están
Dispuestas todas las grietas de un modo curioso en ti, y aun no gozo
De la visión del agua caliente de mi lluvia filtrándose por estas, más
Grandes, más pequeñas, pero todas fisuras hondas sin fin.
Esta mañana, amor, muro sordo, antes río caudaloso, noche líquida,
Leyendo a un poeta latinoamericano, no se si enemigo mío por su
Empeño atlántico en repetir tu nombre o amigo, mas por lo mismo,
Citaba este con Judithescos istmos de mi dolor un buen cuarteto:
“Aquella noche de Setiembre, fuiste
Tan buena para mí… hasta dolerme;
Yo no sé lo demás; y para eso,
No debiste ser buena, no debiste… ”
Lo leía tumbado en la habitación del hotel de la playa que más odio,
Gracioso fue que septiembre entró de golpe en la escena, el cuarto,
Sus paredes, todo se convirtió en la Puerta Elvira. Y yo inventé una
Imagen de tu cuerpo, tomando de mis manos mi cuerpo, besándome
E inquiriendo “tú quieres decirme algo…”.
Claro que sí, vida, amor:
“seré tuyo para siempre, pero también para ti…”.
Debías haber visto
Tus ojos entonces, ¿Cómo no te habrías autoenamorado?, dulces. Azul
Como tu nombre tu mirada. Ahora jamás te veo, pero lo último, labio
Tuyo exhalándome suplicios, que me dijiste fue “necio, yo nunca te he
Amado” y yo ahora, consciente de mi estancia real y de mi ensoñación,
Desearía que tu soñaras también con ese septiembre, espectadora de tu
Propio amor, tan olvidado en los charcos de esta noche de Junio.
Escríbeme… desde cualquier mes del año.
M.C.
Te escribo, muro donde va a parar a cabezazos mi cabeza, una carta,
La primera. Escribo a tu solidez desde mi empeño destructivo, pues están
Dispuestas todas las grietas de un modo curioso en ti, y aun no gozo
De la visión del agua caliente de mi lluvia filtrándose por estas, más
Grandes, más pequeñas, pero todas fisuras hondas sin fin.
Esta mañana, amor, muro sordo, antes río caudaloso, noche líquida,
Leyendo a un poeta latinoamericano, no se si enemigo mío por su
Empeño atlántico en repetir tu nombre o amigo, mas por lo mismo,
Citaba este con Judithescos istmos de mi dolor un buen cuarteto:
“Aquella noche de Setiembre, fuiste
Tan buena para mí… hasta dolerme;
Yo no sé lo demás; y para eso,
No debiste ser buena, no debiste… ”
Lo leía tumbado en la habitación del hotel de la playa que más odio,
Gracioso fue que septiembre entró de golpe en la escena, el cuarto,
Sus paredes, todo se convirtió en la Puerta Elvira. Y yo inventé una
Imagen de tu cuerpo, tomando de mis manos mi cuerpo, besándome
E inquiriendo “tú quieres decirme algo…”.
Claro que sí, vida, amor:
“seré tuyo para siempre, pero también para ti…”.
Debías haber visto
Tus ojos entonces, ¿Cómo no te habrías autoenamorado?, dulces. Azul
Como tu nombre tu mirada. Ahora jamás te veo, pero lo último, labio
Tuyo exhalándome suplicios, que me dijiste fue “necio, yo nunca te he
Amado” y yo ahora, consciente de mi estancia real y de mi ensoñación,
Desearía que tu soñaras también con ese septiembre, espectadora de tu
Propio amor, tan olvidado en los charcos de esta noche de Junio.
Escríbeme… desde cualquier mes del año.
M.C.

