Velemir Jliébnikov (buscando se encuentra)
Exorcismo con risa ¡Ah, sonreíd, reidores! ¡Ah, engreíd, risueños que reís con risotadas! ¡Qué hazmerreír ridículos! ¡Ah, reíd risiblemente! ¡Ah, sonrisueños rientes —- risoteos de irrisorios risibles! ¡Ah, risibilidades, ridícula rísica de irrisibles rientes! Ristoleros, ristoleros, risos irrisorios, risadas reidoras, irrisorios, irrisorios. ¡Ah, sonreíd, risueños! Conialeteando Corrialeteando la aureografia con sutiles vénulas, el grillo, ahovilló en la danza de su panza multitud de hierbas y juncos ribereños. Pin-pin-pin, tronó el mensajero. ¡Oh cisnescencia! ¡Oh crepuscular temescanto! Números Os contemplo, ¡oh números!, y me parecéis disfrazados de bestias con vuestras pieles, la zarpa apoyada sobre robles descuajados. Regaláis: la unidad entre el serpentino movimiento, el espinazo del universo y la danza de la palanca. Permitís comprender los signos como dientes de una risa entrecortada. Mis pupilas se han abierto en forma de objeto. Saber, cuando su dividendo es la unidad, cuánto será el yo. Los piojos me rogaban Los piojos me rogaban inútilmente mientras trepaban cada mañana por mis vestidos, y cada amanecer los ejecutaba escuchando sus crujidos, aunque siempre afluían de nuevo tranquilamente. Rusia, yo te he donado mi blanco cerebro divino: soy yo, soy Jliébnikov. Hundí las estacas, los ejes, en el alma del pueblo, y levanté sobre pilotes una casa, «Nosotros los futurianos». Hice todo ello como un miserable, un ladrón, dondequiera maldito por las gentes. |

