para Mar
Hermano, dejadlo todo presto, luego, que os aguardan los muertos que no pueden venir acá, y habeis de ir al instante a oillos, y a hacer que que os mandáren sin replicar y sin dilación; luego.
Enfadóme la prisa del diablo muerto, que no ví el hombre más súpito, y dije:
-Señor mío, esto no es Cochitehervite.
-Sí es- dijo muy demudado-: digo que yo soy Cochitehervite, y el que viene a mi lado- aunque
yo no le había visto- es Trochimochi, que somos más parecidos que el freir y el llover.
Yo que me vi entre Cochitehervite y Trochimochi fui como un rayo donde me llamaban:
Estaban sentadas unas muertas a un lado, y dijo Cochitehervite: Aquí está doña Fáfula, Marizápalos y Mari Rabadilla.
Dijo trochimochi:
-Despachen, señoras, que está detenida mucha gente.
Doña Fáfula dijo:
-Yo soy una mujer muy principal.
-Nosotras somos- dijeron las otras- las desdichadas que vosotros los vivos traéis en las conversaciones disfamadas.
-Por mí no se me dá nada- dijo doña Fáfula- pero quiero que sepan que fui mujer de un poeta de comedias que escribió infinitas, y que me dijo un día el papel:<<>>.
Fuí mujer de mucho valor y tuve con mi marido, el poeta, mil pesadumbres sobre las comedias,
auctos y entremeses. Decíale yo que por qué cuando en las comedias un vasallo arrodillado dice al rey <<>>, responde siempre: <<>>; que la razón era, en diciendo <<>> responder <
<
-¿Tan malas son las mujeres- dijo Marizápalos- señora doña fáfula?
Doña Fáfula enfadada y con mucho toldo dijo:
-Miren con qué nos viene ahora Marizápalos.
Si vengo y no vengo, se quisieron arañar y sí se hicieron porque Mari Rabadilla, que estaba allí, no pudo llegar a metellas en paz, que sus hijos, por comer cada uno en su escudilla, se estaban dando de puñadas.
-Mirad- decía doña Fáfula- que digáis en el mundo quién soy.
Marizápalos dijo -Mirá que digais como la he puesto.
Mari Rabadilla dijo -Decidles a los vivos que si mis hijos comen cada uno en su escudilla, ¿qué mal les hacen a ellos? ¡Cuanto peores son ellos, que comen en la escudilla de los otros, como Don Diego De Noche y otros COFRADES de su talle!
Apartéme de allí, que me hendía la cabeza, y vi venir un ruido de pullidos y chillidos grandísimo, y una mujer corriendo como una loca, que venía diciendo:
-Pío, pío. "
Extracto de Sueño de la muerte, de Quevedo.

